Para pensar y enamorarse no hacen falta dogmas - Jaume Funes Artiaga
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Para pensar y enamorarse no hacen falta dogmas

Para pensar y enamorarse no hacen falta dogmas

Hoy, 03.09.211, el suplemento “Criatures” del periódico ARA publica una mis columnas quincenales sobre los mundos adolescentes. Como el Papa ha andado por diversas latitudes y buena parte de mis amigos y amigas no se defienden con el catalán, he pensado que ayudaría a compartir ideas publicar aquí una versión en castellano. Además, la publicación incorpora un curioso error del periódico al titular el texto de la siguiente manera: Para pensar y enamorarse no hacen falta drogas. Doy fe de que todavía no considero al Papa una droga, pero podemos hablarlo. ¿En que estaría pensando el corrector?

Para pensar y  enamorarse no hacen falta dogmas
Entre los seguidores del Papa, jóvenes y no tantos jóvenes, he visto muchas caras adolescentes. He escuchado cómo alguno de ellos decía que había ido “a encontrar a Jesús”. En alguna foto se veían a chicas “peregrinas” en sujetador contestar a monjas increpadoras que se descubrían porque querían ponerse morenas. También he oído cómo, entre las experiencias que algunos se llevaban, una importante había sido tener ocasiones de ligar, aunque rápidamente añadían que sólo para dar besos. Sin embargo, en los “sermones” que habían escuchado todo era claro: hay que ir a misa, comulgar y confesar; además, encontrar el jesús buscado es una cuestión de sacerdocio, vida consagrada o matrimonio. Siempre he dicho que hay adolescentes para todos los gustos, también para ir a ver el Papa, pero, ¿cómo encaja todo esto con una adolescencia razonable?
Todos estos flashes de los medios de comunicación de hace dos semanas me hicieron pensar en las diversas contradicciones que supongo vivían sus vidas adolescentes, pero especialmente en una: cómo se situaban ante “el dogma”. ¿Los adultos que los iban adoctrinando que esperaban de ellos y ellas? La cuestión del Papa sólo ha sido lo detonante. Hablaría igual de todas las religiones y de buena parte de los discursos políticos. Todas las religiones y las teorías globalizadoras intentan ser dogmáticas. Es decir: las verdades son lo que son y no son aceptables las interpretaciones. Ni se puede pensar, ni se puede acomodar el pensamiento a la realidad cambiante. En la vida consagrada no caben besos enamorados.
Pero, ¿qué hará un adolescente que apenas acaba descubrir la relatividad del mundo, que se atreve a pensar de manera diferente de sus adultos, que experimenta sensaciones desconocidas? Puede no pensar nunca, puede quedar atrapado por varios dogmas o puede aprender a ser el mismo. Conocemos perfectamente qué pasa con los adolescentes que son víctimas del dogmatismo. Encuentran adultos que les venden las respuestas basadas en dioses buenos, patrias auténticas, causas claras por las que luchar y se apuntan. Asumiéndolas se ahorran pensar y dudar. A veces, acaban formando parte de las “milicias” que difunden con violencia el dogma.
Las doctrinas siempre intentan llevar su dogmatismo a la vida cotidiana. Las religiones definiendo el comportamiento moral y las teorías políticas fijando desde el poder el comportamiento correcto. El adolescente, que se siente auténtico, que intenta tener un estilo de vida propio, descubre que a las monjas con cofia no los gusta su bikini de marca y hasta se meten con mujeres de otra religión que llevan pañuelo. Incluso encontrará que le venden estudios en los que se demuestra que si practica la religión no consumirá drogas. Será fácil que se sienta llamar pecador o delincuente. Viendo y escuchando la información de estos días recordaba una alumna del curso pasado, católica militante, que me discutía enconadamente cualquier teoría que pusiera en crisis su pensamiento sobre la familia mientras hacían manitas bajo la mesa con el compañero enamorado de al lado.
Igualmente, él o ella que acaban de descubrir la diversidad entre sus formas de ser y entre las personas que les rodean, oyen un discurso en el que se habla de fieles e infieles, de nosotros y los otros, los de dentro (de la iglesia o la patria) y los de fuera. Escuchan discursos en los que sólo son buenos los que piensan como nosotros y que lo que conviene hacer con ellos es convertirlos a la fe adecuada. ¿En qué bando se quedarán?
¿A qué viene esta reflexión? Si queremos educar a los adolescentes, si queremos hacer educación en valores, algunas vías no son aceptables. Educamos a los adolescentes para que aprendan a ser personas que piensan, que piensan autónomamente. Construir la propia fe, la propia manera de pensar, no se comulgar con dogmas. Tener ideales sociales no es reducir la realidad a una doctrina conservadora, nacional o revolucionaría a imponer. Cuando los niños crecen y empiezan a no depender de nosotros es cuando debemos descubrir la inutilidad y el abuso de catequizarlos. Si han crecido sanamente lo primero que harán al llegar a la adolescencia será descubrir hipocresías, ver contradicciones, buscar honestidad en los comportamientos, practicar el criticismo.
1Comment
  • Anònim
    Posted at 16:51h, 06 Setembre Respon

    Es curioso ver cómo el Papa atrajo a tanta gente. Sobretodo jóvenes. Supongo que es un hombre que genera atracción al colectivo juvenil: reparte vino y hostias…

    Salut Jaume,

    Jordi B.

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