El vicio de educar: EL TIEMPO NO LO ARREGLA TODO - Jaume Funes Artiaga
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El vicio de educar: EL TIEMPO NO LO ARREGLA TODO

El vicio de educar: EL TIEMPO NO LO ARREGLA TODO

A lo largo de 2011 Cuadernos de Pegagogía me pidió que escribiera una pequeña columna en su sección de Historias Mínimas. Esta colaboración dió lugar a EL VICIO DE EDUCAR.  donde brevemente apuntaba algun comentario sobre preocupaciones más o menos razonables en defensa de la educación.
Acabado el compromiso y viendo cómo llueven piedras sobre la educación y la escuela, me he propuesto traspasar este pequeño compromiso mensual al bolg.
Para ponernos a tono copio la última de las colaboraciones.

Hace tiempo, en el libro “El lugar de la infancia”, reivindiqué la obligación adulta de preservar algunos entornos educativos. Entre ellos me refería a la educación en los primeros años de la infancia. Vuelvo al tema porque, como siempre, también ahora la infancia y la educación infantil son la parte frágil de las nuevas y viejas crisis, son lo primero que desaparece cuando nos falta dinero, cuando no tenemos tiempo, cuando necesitamos otras satisfacciones. Nos pasa con los cambios en nuestros estilos de vida, con las modificaciones de los grupos familiares y con los recortes económicos. Es fácil recortar en educación. Comenzar por las primeras etapas parece algo obvio.

Existe una grave discordancia entre las verdaderas necesidades de los niños y niñas pequeños y las nuevas realidades familiares (sus demandas de recursos para que los hijos sean cuidados, a menudo para que estén bajo algún tipo de tutela, para ser educados de manera adecuada), las respuestas de las administraciones, los recursos disponibles y, ahora, las inexistentes prioridades presupuestarias. Pero si, como profesional que colabora a la felicidad de las personas, tuviera que seleccionar una etapa singular, prioritaria, significativa, determinante de una buena parte de lo que llegamos a ser, esta tiene que ver con la primera infancia y con los procesos educativos que se dan en ella.

Como educador comprometido, no puedo menos que recordar cómo muchas de las desigualdades educativas y de aprendizaje posteriores tienen su origen en la desigualdad de estímulos en los primeros años. La igualdad de oportunidades, el equilibrio personal y la vinculación social tienen buena parte de sus raíces en las experiencias vividas en los tiempos infantiles. La educación en los primeros años de la vida es justamente aquella en la que es imposible renunciar a considerar la calidad. Una forma precaria de educar, ya sea por la ausencia de la estimulación adecuada, ya sea por la vivencia de experiencias inadecuadas, no genera solamente un conjunto de déficits más o menos compensables a posteriori, genera daños y dificultades en los procesos de humanización, de personalización.

Volver a convertir la educación infantil en un asunto de familia (de familias que no existen, de padres y madres con otras prioridades, de grupos empobrecidos que dedican su tiempo a subsistir) y en una oferta de servicios de vigilancia entretenida, consiste simplemente en hacer que los niños paguen ya nuestras hipotecas.

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