Vienen tiempos de radicalidad creativa - Jaume Funes Artiaga
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Vienen tiempos de radicalidad creativa

Vienen tiempos de radicalidad creativa

Entiendo que protesten, pero no hay más remedio. Compórtense civilizadamente no sean vandálicos. Respeten las reglas de juego… En medio de la cotidiana obligación a no resignarse que va dominando la vida de muchos ciudadanos y ciudadanas, que se manifiestan y contestan el poder, las respuestas de los que ahora gobiernan y siempre han mandado, consisten en repartir comprensión y exigir calma.

Pero estamos instalados en una dinámica peligrosa. Su maravillosa tolerancia ha llegado a que acepten como algo natural un clima de protestas, mientras que su intolerancia real les conduce a recordarnos que por mucho que protestemos nada cambiará.

Consideran que el estado natural de las cosas es muy claro: se da por supuesto que sólo aumentando sistemáticamente la explotación[1] de una parte de los ciudadanos se sale de “la” crisis; se da por supuesto que no se sientan cómodos mientras se les explota; se da por supuesto que, por su bien, han de tragarse el malestar y esperar.

Sin embargo, el estado real de las cosas es que, sean pocos o muchos, tengan toda la razón o sólo una parte, la expresión pública del malestar persigue siempre, al menos, dos fines: demostrar que se tiene voz y toda voz necesita alguien que escuche; exigir explicaciones y discutir si las formas de actuar son las únicas o hay otras, si su aplicación es unívoca o puede tener otras versiones. Demostrando la fuerza del malestar también se espera, por supuesto, que te hagan caso en algo a ti y a los que comparten tu padecimiento y que todo no esté sólo a favor de los que expresan su bienestar.

¿Conclusión? Parece que si su excelente tolerancia y compresión no les lleva ni a escuchar, ni a dialogar, ni a considerar los más mínimos cambios, hay que expresar el malestar con formas que agoten su tolerancia. Es decir: formas de protesta que alteren su bienestar. Como hace tiempo que no estamos para revoluciones y no compartimos la violencia destructora, ¿qué podemos hacer?

Están consiguiendo convencernos de que la vida es dura y de que sus respuestas son inevitables. Casi estamos a punto de agradecérselo. Ahora insisten en que seamos civilizados. Pero el dilema seguirá siendo cómo actuar radicalmente para que, molestándolos, tengan a bien escuchar nuestro malestar. Alterar la plácida imagen de su congreso de móviles fue más importante que sumar unas decenas de miles de manifestantes.

No sé cómo se puede hacer, pero vienen tiempos de radicalidad creativa.


[1] Explotación: estado vital en el que nada puedes hacer para gestionar tu vida y aquellos que la controlan se enriquecen con tu padecimiento.

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