El vicio de educar (2). ¿ALARGAR EL BACHILLERATO? Discutamos cómo se acompaña a los adolecentes en tiempos de duda y elección - Jaume Funes Artiaga
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El vicio de educar (2). ¿ALARGAR EL BACHILLERATO? Discutamos cómo se acompaña a los adolecentes en tiempos de duda y elección

El vicio de educar (2). ¿ALARGAR EL BACHILLERATO? Discutamos cómo se acompaña a los adolecentes en tiempos de duda y elección

A veces, una supuesta contrarreforma lo que hace es consolidar una falsa reforma. Todo es cuestión de venderla con las palabras adecuadas. 
Viene todo esto a cuento de los anuncios de cambio de la ESO “alargando” el bachillerato y “avanzando” la formación profesional. Propuesta que ahora parece (¿?) quedarse en consolidar de manera más drástica la contrarreforma que ya se había producido hace un par de años y que convertía el cuarto curso en una división anticipada del alumnado en el periodo de escolarización obligatoria. 
Ahora, todo consistirá en hacer lo mismo pero dejándolo claro, separando nítidamente. Pero, la propuesta estaba ya en marcha y no la traen los nuevos gobernantes. A menudo los conservadores suelen dedicarse a poner un nombre claro a lo que gentes supuestamente progres y de izquierda hicieron medio a escondidas sin atreverse a manifestarlo. En muchos casos ya andan divididos y separados. Ahora sólo dejaran claro que deben estarlo.
Dado que estos gobernantes siempre nos hacen discutir de lo que quieren y no de lo que pasa, me temo que todas las energías dialécticas las consumirá el debate sobre un bachillerato inexistente e imposible (ver el excelente documento de Colectivo Lorenzo Luzuriaga. El bachillerato en su laberinto), cuando la cuestión educativa y pedagógica es cómo se orienta y acompaña a los personajes de 14 y 15 años inmersos en sus adolescencias y perdidos en nuestros mundos. 
Por qué se suprimieron las vias muertas
La supresión de las vías obligatorias y rígidas que encorsetaban los itinerarios escolares primero a los 14 años y, después, a los 16, se hizo por tres tipos de razones. Unas eran derivadas de las políticas educativas que pretendían garantizar la igualdad de oportunidades, evitando reproducciones de clase social (¿Se acuerdan del texto de P.Willis  Aprendiendo a trabajar. Cómo los chicos y chicas de la clase obrera consiguen trabajos de la clase obrera?). 
Un segundo grupo de razones ya dejaba constancia (y el tiempo lo ha corroborado) de que en las adolescencias obligatorias actuales la inmensa mayoría de los chicos y chicas tiene escasa conciencia de lo que quiere hacer los años siguientes. La conformación de su propuesta de persona está por hacer, descubren y experimentan una vida que se les abre sin que al final (el futuro no sirve como argumento) aparezca todavía meta alguna. 
Finalmente, sabíamos y sabemos que la inmensa mayoría de las “decisiones” de orientación que toman en esas edades están dotadas de una profunda provisionalidad. Como muchas cosas en su vida, entraran en crisis o se reorientaran en función de los acontecimientos y experiencias que vivan.
A todo eso, debe añadirse que lo que “eligen” los chicos y chicas cuando acaban la ESO  (ahora en tercero) es en gran medida lo que sus padres y madres eligen (siempre y cuando todos sus amigos no hagan lo contrario).
Decidir en primavera
Ya que no vamos a poder discutir en serio, pensemos, al menos, en serio. La escolarización obligatoria de la adolescencia sabíamos y sabemos que es inviable sin la posibilidad de que los itinerarios comunes tengan recorridos personalizados, recorridos adaptados y flexibles con multiplicidad de formatos (ritmos y maneras) dentro de una única pero amplia vía que lleva a una meta común. 
Como todo se ha ido encajonando en propuestas academicistas de escuela, el resultado ha sido que un tercio de cada generación anda repitiendo y llega a los dieciséis años en segundo o tercero de la ESO. Los hemos mantenido formalmente en la vía obligatoria pero los echamos pronto del tren. Ahora, les dejaremos claro que han de seguir otra vía.
Para los que han seguido y van a seguir nuestra propuesta de vía (bifurcada o no), ya he dicho que se abren tiempos de desorientación y cambios. La decisión que tomen esta primavera más de un tercio de ellos y ellas estará caduca la próxima primavera. Mayoritariamente habrá sido una “decisión” por razones ajenas o propias pero ya caducas atrapadas en un inadecuado bachillerato. De nuevo, el problema serán los que se descuelgan desorientados. Por el camino ya habremos perdido a los que, aun habiendo acabado la ESO medio bien, andan perdidos ante una escuela a la que ya no tienen la obligación de ir.
Aparquemos debates sobre la falsa etiqueta de “el fracaso escolar”. Aparquemos debatir sobre los que, genéricamente, decimos que no siguen en la secundaria postobligatoria actual. Dejemos de lado las pretensiones universitarias de los viejos profetas del bachillerato. Discutamos cómo se acompaña a los adolecentes en tiempos de duda y elección, garantizando que pueden ir de un itinerario a otro construyendo su recorrido personal, de forma que, hacia los 18 años, todas y todos están conectados con una propuesta vital, provisional, entre el trabajo y la formación diversa, que les permita ir tomando decisiones algo más estables (sin olvidar que, en la sociedad actual, su vida será un continuo aprender y un continuo cambiar)
PS. La desorientación, la vida errática, también afectan a los hijos e hijas de médicos, arquitectos, banqueros y ministros. La única (importante) diferencia con los chicos de barrio es que aquellos, al final, siempre tienen propuestas de clase que les permiten encontrar otros caminos para salvarse.
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