FINALMENTE, NO SOMOS IGUALES - Jaume Funes Artiaga
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FINALMENTE, NO SOMOS IGUALES

FINALMENTE, NO SOMOS IGUALES


En el inicio de curso algunos institutos me piden que haga una especie de lección inaugural. Normalmente, dialogo con los chicos y chicas sobre “Las 10 cosas que aprenderé este año”. Al decálogo, después de hablar sobre las metáforas que harán servir para enamorar o de cómo descubrirán las razones científicas de por qué las ondas hercianas no se enredan con tantos *WhatsApps que circula por la misma clase, sugiero como última propuesta: Tendré un amigo chino, saldré de fiesta con uno del Camerún, haré que Fátima venga a la pandilla.
Sin embargo, este año, no sabré que decir. Si el padre de Fátima hace tiempo que no tiene trabajo difícilmente ella podrá ser una más del grupo. En cuanto tenga 18 años tendrá que cuidar de no hacer el burro y tener accidentes porque no podrá ir al hospital, si no se encuentra bien ya no podrá traer la nota del médico para justificar una falta, no podrá comentar alegremente con sus compañeras que tenía un determinado malestar y se ha tomado alguna pastilla. Quizás ella todavía lo podrá hacer pero el padre y la madre ya no. Ahora vivirá en una familia que ha perdido su derecho a la salud.
Tendré que cambiar esta parte de la charla. Ahora, les tendré que decir: “este año confirmaré que todos los colegas no son iguales, que todos los jóvenes de mi edad no pueden ser iguales”. Porque ahora, también en la escuela, conviviendo con sus compañeros descubrirán que cuando les explicábamos la igualdad de los seres humanos mentíamos. Comprobarán que no tenemos razón cuando los obligamos a convivir en pie de igualdad, que era una patraña todo aquello del valor de la diversidad.
Ahora podrán decir: “Era yo quien tenía razón y los profes los equivocados. Si los que dicen que son como yo no pueden ponerse malos, no pueden ir como yo al médico, no pueden recibir tratamientos y medicinas… es que todo el mundo no es igual”.
Tampoco es que ahora fueran muy iguales. Pervive el “no son de aquí“. Para ligar todavía hay clases. Aun así, podíamos hablar de su común condición de jóvenes o de estudiantes. Las diferencias jóvenes son muchas y las de origen se podían diluir entre ellas.
¿Sentirá un joven catalán (andaluz, gallego, madrileño eukaldun) de origen latino o bereber que vale la pena formar parte de nuestra comunidad cuando no tiene ni el derecho a ser atendido con normalidad por el sistema de salud? ¿Sentirán los jóvenes con carné del país que un joven sin derechos básicos es igual que ellos o practicarán con mucha más facilidad la exclusión? Tendré que cambiar la última frase. Ahora tendré que decirles: “Aprenderé a luchar con los compañeros para que todos los jóvenes tengamos los mismos derechos
(Traducción del artículo “Finalment, no som iguals”, publicado al periódico ARA, Criatures,  15.09.12)
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