10 març Habrá que decirles algo a los adolescentes…suponiendo que quieran escucharnos
“ÁLEX NO ENTIENDE EL MUNDO”
En el verano de 2012, una editora sensible que me hacía un encargo definido más o menos así: “en este mundo complejo, inmerso en tantas y diversas crisis, no podemos dejar a los adolescentes sin alguna palabra que les pueda servir de orientación”.
Por aquel entonces estaba en plena redacción de un libro que no llegó a piblicarse: “Quiero ser feliz. Ética del riesgo y del acompañamiento“. El texto pretendía convencer a padres y educadores de que ocuparse de los chicos y chicas adolescentes no es una simple cuestión de psicopedagogía sino una seria cuestión de ética, de educación en valores.
La nueva demanda me hizo pensar que podía pasar de escribir para los adultos y hacerlo para los más jóvenes, poner por escrito lo que solía compartir hablando con muchos y diversos adolescentes. Así se puso en marcha un proyecto para ellos y ellas sobre las ideas, los conceptos y los valores que permiten vivir, ser y convivir en la sociedad actual.
Una vez más, tomé conciencia de que lo peor que nos puede pasar es que nuestro desconcierto adulto ante un mundo en crisis y nuestra angustia ante una sociedad en acelerado movimiento signifiquen dejar en completa orfandad a los adolescentes. Ni puede consolidarse el “todo vale” ni nos conviene que construyan su mundo pasando, de verdad y con razón, de nosotros.
Especialistas en dar respuestas a problemas que no tienen
Buena parte de mis dedicaciones profesionales en el mundo adolescente han tenido que ver con hacer de bombero social. Ahora el incendio de las redes sociales, después el de los eternos abusos con el alcohol, luego su pasión por la “maría”, más tarde su contestación de las leyes, a veces su insumisión violenta… una lista periódica pura de pánicos sociales. Obviamente, no es todo eso lo que domina su mundo sino lo que invade las preocupaciones adultas. Pero, siempre me obligan a hablar de ellas y me piden “soluciones”. Suelen ser debates en los que nunca se acepta que vayamos al fondo.
Sin embargo, no podemos domesticar violencias sin encontrar razones para convivir. Podemos prohibir todos los alcoholes del mundo pero tendrán que descubrir sus formas de estar a gusto en la vida. Conforman un gran mercado pero no podemos esconderles la explotación que hay detrás de una ropa de marca. No les gusta su escuela o los lugares de encuentro, las normas de los adultos conservadores o la actitud retadora de la policía, pero no podemos decirles que protesten escribiendo instancias.
La lista de las cuestiones de fondo podía ser muy larga y al final opté por cuatro ideas que atraviesan todo el libro, que se desarrollan a partir de las preocupaciones que comparto con ellos y ellas pero también sobre las que son sólo mías pero me gustaría que fueran suyas:
- Te guste o no tienes que hacerte preguntas. Inevitablemente tendrás que construir tus respuestas. Siempre tendrás que pelear par que te dejen tomar decisiones. Vigila porque hay muchos interesados en que no pienses. Es fácil que te vendan viejas y fáciles respuestas. Para los mayores siempre serás un menor.
- Preguntas, respuestas y decisiones tienen que ver en primer lugar contigo mismo, con ir aclarándose y con descubrir la propia felicidad.
- Preguntas, respuestas y decisiones tienen que ver con los otros. No hay felicidad sin amigos. Ser joven significa aceptar el derecho de otros muchos a serlo. El presente y el futuro son pura mezcla.
- Preguntas, respuestas y decisiones tienen que ver con el mundo en el que nos toca vivir, con la sociedad en la que estamos. Parece especialmente carroza, acabará destruyendo el planeta, se basa en la desigualdad y la injusticia.
(Marzo 2014)

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